El 18 de abril de 2010, el presidente de
El coordinador de ejecución de la oficina presidencial de planes y proyectos especiales Lucas Pou Ruan, explicó que la obra “no se trata de un obelisco ni de un monumento alegórico, sino de una especie de aro de luz con una proyección al infinito y simboliza varias etapas de abajo hacia arriba.” Esta “especie de aro de luz”, se compone por varias piezas de metal pintadas de negro y de rojo que encajan una sobre la otra. Cada una tiene una significación particular que según explicó Lucas Pou es la siguiente: “La primera pieza negra representa la colonización española; la segunda, de color rojo, la gesta independentista; la tercera negra, la era oscura del puntofijismo; y las tres rojas restantes, el triunfo de la Revolución Bolivariana y el poder popular del pueblo venezolano que se erige hacia el cielo y marca el infinito de la patria nueva”.
Como vemos este monumento es una alegoría a la teleología revolucionaria. Fíjense que las secciones pintadas de negro representan las “etapas oscuras”, como la conquista y el “puntofijismo”, mientras que las rojas la etapa de la independencia y el triunfo de la revolución bolivariana-chavista. Definitivamente es un monumento a la tergiversación del pasado que reduce la historia a 4 etapas con un destino único e inevitable: la Revolución. Conceptualmente esta obra es un ejemplo de manipulación y de utilización interesada del pasado, pero es aún más ofensiva en el plano estético pues resulta, sencillamente, impresentable.
El encargado de los “proyectos especiales” del gobierno señaló que “la obra cuenta con 32 luminarias internas de última generación para hacerla visible de noche y darle calidez a la pieza. Su base es de concreto armado cubierto con losas de granito para protegerla y proporcionarle mayor resistencia en caso de un sismo.”
Las luces están colocadas en el punto de unión de cada pieza, es decir hay algunos focos entre la conquista y la independencia, así como hay otros entre el puntofijismo y la revolución.
Los detalles técnicos son absurdos, por ejemplo se reseña que “la pintura de protección y acabado final de la estructura del monumento es de color rojo y negro cumpliendo con especificaciones aeronáuticas, mientras que el acabado del pedestal consiste en un revestimiento de granito en obra limpia”. Asimismo, el monumento tiene un “pararrayo en la punta, y una habitación para acceder y realizar el respectivo mantenimiento”. No queda duda: el mal gusto se manifestó con toda su poderosa fuerza, materializada esta vez, en este gigantesco “totoreto” Bicentenario.
Cuando el Presidente de podría ser un cohete misilístico. Vamos a aclararle a los yanquis, que no es ningún cohete sino un cohete ideológico”.
Asimismo, indicó que el monumento del bicentenario representa la verticalidad y firmeza de la revolución y del socialismo.
“Esa es la verdadera revolución no perdamos ni un sólo día”, como reseñó la Agencia Bolivariana de Noticias.
Es una lástima que se haya perdido la gran oportunidad que brinda el Bicentenario para construir un monumento que contribuya con el embellecimiento de la ciudad en vez aumentar su ruina y abandono.
Desafortunadamente cada vez que visitemos el centro de la ciudad tengamos que ver este grotesco bodrio Bicentenario, que quedará en el tiempo como un ejemplo vivo de manipulación del pasado y de terrible mal gusto.

Sin duda alguna este bodrío es una atentado visual y un esperpento ideológico. Una muestra más de cómo, con el dinero de todos los venezolanos, se construyó algo que irrespeta el sitio imponiéndose como lo que es, un intruso grotesco y desproporcionado.
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