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domingo, 6 de febrero de 2011

El Cohete BICENTENARIO



El 18 de abril de 2010, el presidente de la República inauguró el “monumento conmemorativo al Bicentenario de Venezuela”, ubicado en la Plaza del Venezolano, esquina de San Jacinto, en pleno centro de la ciudad de Caracas. Según la información que presentó Telesur se trata de una “obra formada por una columna de 47,25 metros de altura, construida en acero,  de secciones variables con diámetros en base de 3,56 metros que se reduce progresivamente en tres secciones superiores, hasta alcanzar en su tope un diámetro de 0,90 metros, con un peso aproximado de 100 toneladas”. 
El coordinador de ejecución de la oficina presidencial  de planes y proyectos especiales Lucas Pou Ruan, explicó que la obra “no se trata de un obelisco ni de un monumento alegórico, sino de una especie de aro de luz con una proyección al infinito y simboliza varias etapas de abajo hacia arriba.”
Esta “especie de aro de luz”, se compone por varias piezas de metal  pintadas de negro y de rojo que encajan una sobre la otra. Cada una tiene una significación particular que según explicó  Lucas Pou es la siguiente: “La primera pieza negra representa la colonización española; la segunda, de color rojo, la gesta independentista; la tercera negra, la era oscura del puntofijismo; y las tres rojas restantes, el triunfo de la Revolución Bolivariana y el poder popular del pueblo venezolano que se erige hacia el cielo y marca el infinito de la patria nueva”.


Como vemos este monumento es una alegoría a la teleología revolucionaria. Fíjense que las secciones pintadas de negro representan las “etapas oscuras”, como la conquista y el “puntofijismo”, mientras que las rojas la etapa de la independencia y el triunfo de la revolución bolivariana-chavista. 

Definitivamente es un monumento a la tergiversación  del pasado que reduce la historia a 4 etapas con un destino único e inevitable: la Revolución.  Conceptualmente esta obra es un ejemplo de  manipulación y de utilización interesada del pasado, pero es aún más ofensiva en el plano estético  pues resulta, sencillamente, impresentable.

El encargado de los “proyectos especiales” del gobierno señaló que “la obra cuenta con 32 luminarias internas de última generación para hacerla visible de noche y darle calidez a la pieza. Su base es de concreto armado cubierto con losas de granito para protegerla y proporcionarle mayor resistencia en caso de un sismo.”
Las luces están colocadas en el punto de unión de cada 
pieza, es decir hay algunos focos  entre la conquista y la independencia, así como hay otros entre el puntofijismo y la revolución. 
Los detalles técnicos son absurdos, por ejemplo se reseña que “la pintura de protección y acabado final de la estructura del monumento es de color rojo y negro cumpliendo con especificaciones aeronáuticas, mientras que el acabado del pedestal consiste en un revestimiento de granito en obra limpia”. Asimismo, el monumento tiene un “pararrayo en la punta,  y una habitación para acceder y realizar el respectivo mantenimiento”. No queda duda: el mal gusto se manifestó con toda su poderosa fuerza, materializada esta vez, en este gigantesco “totoreto” Bicentenario.
Cuando el Presidente de la República inauguró el monumento lo llamó  "cohete ideológico de la Revolución". Se permitió bromear al respecto y dijo:  “Parece que los Yanquis en una imagen de satélite están muy preocupados porque piensan que este monumento 
podría ser un cohete misilístico. Vamos a aclararle a los yanquis, que no es ningún cohete sino un cohete ideológico”. 
Asimismo, indicó que el monumento del bicentenario representa la verticalidad y firmeza de la revolución y del socialismo. 

“Esa es la verdadera revolución no perdamos ni un sólo día”, como reseñó la Agencia Bolivariana de Noticias.
Es una lástima que se haya perdido la gran oportunidad que brinda el Bicentenario para construir un monumento que  contribuya con el  embellecimiento de la ciudad en vez aumentar su ruina y abandono. 
Desafortunadamente cada vez que visitemos el centro de la ciudad tengamos que ver este grotesco bodrio Bicentenario, que quedará en el tiempo como  un ejemplo vivo de manipulación del pasado y de terrible mal gusto.



1 comentario:

  1. Sin duda alguna este bodrío es una atentado visual y un esperpento ideológico. Una muestra más de cómo, con el dinero de todos los venezolanos, se construyó algo que irrespeta el sitio imponiéndose como lo que es, un intruso grotesco y desproporcionado.

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